José A. Valverde y Salvador Teruelo
Libro que nace de la asociación entre José Antonio Valverde, biólogo de Valladolid y Director de Doñana, y Salvador Teruelo de Morla. Ambos escribieron el libro en 1970. No se publicó hasta 1992.La mitad del texto recoge experiencias de pastores y lobos escritas por el propio pastor que las protagonizó, Salvador Teruelo, enriquezidas con algunas notas añadidas por Valverde. La segunda mitad del texto corresponde la descripción de la situación del lobo en la península ibérica, escrita por el propio Valverde.
Salvador Teruelo, apenas tuvo ocasión de ir a la escuela pero le gustaba mucho leer. Era forzosamente autodidacta. Preocupado siempre por la formación de los suyos. Uno de sus hijos, Emiliano, asistió a la escuela de Pozos donde recibió la preparación necesaria para poder ingresar en el Bachilerato.
Los “Lobos de Morla” es también una fuente directa de la vida en aquellos pueblos en esa época. «Se comía pan negro de centeno triturado en molinos pequeños, movidos por agua, que los vecinos construían sobre el río. El chorizo se reservaba para días especiales al igual que otras partes del cerdo».
El biólogo busca el fondo histórico de la vida y fechorías del lobo, sus ataques al ganado y a los hombres, la guerra a muerte que la sociedad le ha hecho siempre, y la importancia que su caza, con cepos, trampas, veneno, armas y batidas.
Había varias formas de cazar al lobo:
-En invierno y sobre la nieve se hacia un rastro con las tripas de un animal muerto, así el lobo seguía este rastro que lo llevaba hacia un lazo metálico o a una zona donde había varios cazadores apostados esperando su llegada.
-También era frecuente envenenar con estricnina trozos de carne o tripas que eran dejados en lugares frecuentados por los lobos. Tenía el inconveniente de que podían morir también otros animales: águilas, perros,...
-Si alguien mataba un lobo podía ir por los pueblos cercanos a pedir su recompensa. Los vecinos de esos pueblos debían pagarle por su caza. Generalmente se le daba al cazador: patatas, alubias, chorizos ... en la cantidad que cada uno estimase oportuno.


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